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HIMNO A TOMELLOSO

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jueves, 12 de junio de 2014

Tomelloso - Tu amiga fiel (Eladio Cabañero)


Cuando estés perdido bajo un cielo triste y gris
 y nada, nada te haga felíz, 
pon tu pensamiento en mí y nómbrame sin más,
 recuerda que siempre tendrás mi amistad.
 Háblame, búscame y al lugar que quieras iré,
 a tu lado, allí estaré.
 Todo lo que tienes que hacer es sentir que no te olvidé,
 soy tu amiga, sí, tu amiga fiel.

 Cuando estés vencido y en ti no encuentres paz
 y al dolor te entregues por los demás,
 mira dentro tuyo y allí me encontrarás,
 soy esa pequeña luz de amistad.
 Háblame, búscame, y al lugar que quieras iré,
 a tu lado siempre, allí estaré.
 La distancia no existirá para este cariño jamás
 soy tu amiga, sí, tu amiga.

 Ya sabes que en mi alma tienes lugar
 un puerto donde llegar, abierto para tus sueños,
 tus penas y sentimientos, y yo te lo ofrezco.
 Háblame, búscame, y al lugar que quieras iré, 
 a tu lado siempre, allí estaré. 
 Todo lo que tienes que hacer es sentir que no te olvidé, 
 soy tu amiga, sí, tu amiga fiel.

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miércoles, 11 de junio de 2014

Tomelloso - TIEMPO ARRIBA (Eladio Cabañero)


¿Cómo podrás estar, querida Sabia,
sufriendo con tus ojos todo el día
tanto torvo mural, volada reja,
-comiendo como un pájaro en la nieve-
sonriendo y haciendo que no has visto
tanta pared gritando: «prohibida
la vida», sí, la gran envenenada?

 ¿Cómo sucede así, querida mía,
sin que quiebren las cosas más hermosas,
sin que el mar caiga al punto en la ruina,
el pan no sea ya el pan, la luz se seque, 
y yo no muera o de repente tome 
un camino y no sepas de mí nunca ?

martes, 10 de junio de 2014

Tomelloso - Serenidad (Eladio Cabañero)


Amo la serenidad de ciertas horas,
 polvo de eternidad,
 taciturna belleza que hay en ciertas tardes
 que duermen como niño en su cuna.

 No hay símbolos,
 sólo voces que suben a la ventana
 y comentan su oficio de orfebrería, 
de tierra removida bajo la semilla del cielo.
 Bebo a pequeños sorbos la reiteración de la brisa
 y siento pasar por mis dedos el tiempo, 
 como cuentas de un rosario. 
 Hasta que la noche 
 cae a mis pies como pájaro ciego.

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lunes, 9 de junio de 2014

Tomelloso - Saludo al amigo - Antonio Aliberti (Eladio Cabañero)



A Roberto Santoro

 No es que a veces me olvide,
 sólo que hoy te recuerdo más, 
y no resisto a la vieja costumbre de saludarte; 
decirte por ejemplo que aquí estoy,
 con mis castillos de arena intactos
 (cuando sopla fuerte el viento, uno sopla más);
 con dos hijos que crecen como el abrazo 
que guardo en el pecho desde aquel día;
 que nadie ha borrado tu nombre
 y sigue habiendo una silla
 con las formas de tu cuerpo y tu calor.
 (Si alguien dijera que no estás, ¿qué probaría?
 Puede más tu voz, como una herida que no tiene cura).
 Para cuando vuelvas
 -en un cuarto del mundo-
 se encenderá otra vez la mesa 
para reanudar la charla que dejamos inconclusa:
 ambos nos miraremos desde ventanas abiertas. 
 No falta mucho: al irte, no dijiste adios.

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domingo, 8 de junio de 2014

Tomelloso - OCASO (Eladio Cabañero)


El hombre hacia el Ocaso es una hoguera
 que el viento -el tiempo en crines extendidas- 
arrastra a galopar lejos, sin bridas,
 como un caballo oscuro, a la carrera.

 Como una oculta nave timonera
 repta sus aguas. No sabe qué heridas 
le duelen más, qué muertes ni qué vidas,
 sólo como una piedra de cantera.

 Lleva un trozo de amor deshilachado
 en los bolsillos, sueña el ciego anhelo
 de encomendar a un hijo esta aventura.

 A veces es un perro apaleado 
 que arrastra su dolor, pegado al suelo, 
 oliendo ya su propia sepultura.

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sábado, 7 de junio de 2014

Tomelloso - LA DIOSA (Eladio Cabañero)



Cuando filmo en mi frente tu figura
y reúno las tardes y tu cara
en un fanal bellísimo, ya en sueños,
como en un cine mágico con niños,
todo forma un mural maravilloso:
la belleza me da, de parte tuya,
todos sus golpes en el corazón,
y entonces me parece propiamente
que amarte es convivir con una diosa.

Cuando digo tu rostro sin un ruido
en un mundo de amor. mundo del mundo,
veo, Marisa, aquel racimo virgen
-tus dos uvas solares- al apego
de su viña, latiendo palpitante
en mis manos que anidan la cosecha.

Siento tus labios que fermentan cerca
de los míos, tanteando entre las sombras
de aquel tiempo invencible, escucho luego
el dolorido corte, el ruido que hace
el cuerpo de una diosa que se entrega.

Ahora vivo contigo de memoria;
proyecto tu recuerdo, cine dulce,
que morirá conmigo, si es que mueren
las imágenes puras en su reino.

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jueves, 5 de junio de 2014

Tomelloso - La amistad (Eladio Cabañero)


Una amistad como la nuestra
es un regalo especial
Disfrutamos tantas cosas similares,
y compartimos tantos momentos
maravillosos y divertidos.
Me respetas por mi firmeza espiritual
y yo te admiro por la tuya.
Nos alentamos mutuamente
en los momentos difíciles
y juntos reímos en los buenos momentos.
Sé que contigo no tengo que fingir…

Una amistad como la nuestra es un regalo precioso…
Podemos contar nuestros
más íntimos sueños y anhelos,
alentarnos mutuamente para alcanzar
más éxitos y mayor felicidad,
y enjugarnos nuestras lágrimas
en los momentos de tristeza y frustración.
Eres una luz que ilumina mi vida
y tienes un lugar muy especial en mi corazón.

En el día de la amistad
quiero desearte que todos tus mejores
anhelos se hagan realidad
y que tengas éxito y felicidad,
un corazón alegre y risas.
Y quiero decirte que para mí
eres lo más maravilloso
y que atesoro nuestra amistad.

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martes, 3 de junio de 2014

Tomelloso - EL CIELO AQUEL PINTADO CON TIZAS DE COLORES... (Eladio Cabañero)


El cielo aquel pintado con tizas de colores;
el sol que se empozaba tantos jueves
para los largos temporales
"Cuando se empoza el sol en jueves,
antes del domingo llueve..."
Aquellas calles largas con carros y viñeros;
el pregonero del Ayuntamiento
y el tío del "rabiche"; el carro
del "alhigue" cuando los carnavales;
las barberías con aquellos frascos
llenos de sanguijuelas coleantes;
el miedo de las noches del invierno
desiertas por el cierzo y los fantasmas;
las uvas, las espigas, la Glorieta,
la feria, el corralazo de los títeres...
¿Era aquél Tomelloso?
¿Era yo aquél, aquel de por entonces?
No me recuerdo bien. No tengo pruebas.
Era antes de la guerra. Mucha gente
no viviría bien, seguro, pero
el tiempo de los niños es hermoso,
y aunque la vida va a su mejoría
-según dicen- y hay tantos nuevos sueños:
viajar a la luna y los planetas;
inventar pan para que no haya pobres,
nueva fe en nuevos pechos,
aquel tiempo consuela a los que fuimos
niñez y luego muerte en nuestra infancia.
Antes que lo perdiéramos,
aquel niño de todos y de nadie
jugó por todo el pueblo, entre bidones
y cubas y trujales, en las fábricas,
en las destilerías de alcohol,
donde el vino zurría y se quemaba,
mientras nosotros -aúpa- nos saltábamos
montoneras de orujo, eras de lías.

Y el campo, ¿cómo era
antes de que aquel cielo, aquellos hombres,
se fueran a la guerra para no volver nunca?
Vendimiadores tiempos,
una vez en las viñas, vendimiando, una noche
-quiero acordarme, pero ha tanto tiempo-
en la pequeña casa, acabada la cena,
todos bien avenidos se embromaron,
se tiznaron jugando al "San Alejo",
con la sartén tocaron seguidillas
y jotas a la luz de los candiles;
y luego se acostaron en-parva por el suelo,
que ya no se cabía
sino en las alambores y en la cuadra.
Eran caras alegres como nunca haya visto.
Era antes de la guerra y yo tenía
de cuatro a cinco años.
Muchos ya no volvieron para echar hato los lunes
para irse de semana, de vendimia.
El cielo no volvió ni fue ya claro.
La gente se hizo dura,
y a los niños dejaron de querernos.
Y nosotros, mis primos, mis amigos,
no volvimos tampoco de la guerra:
de repente crecimos, fuimos otros,
nos perdimos igual que se perdieron
de vista, hacia el Oeste, tantas cosas.

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lunes, 2 de junio de 2014

Tomelloso - Creo en tí Amigo (Eladio Cabañero)


Creo en tí amigo:
Si tu sonrisa es como un rayo de luz
que alegra mi existencia.

Creo en ti amigo:
Si tus ojos brillan de alegría al encontrarnos.

Creo en ti amigo:
Si compartes mis lágrimas y
sabes llorar con los que lloran.

Creo en ti amigo:
Si tu mano está abierta para dar y
tu voluntad es generosa para ayudar.

Creo en ti amigo:
Si tus palabras son sinceras y
expresan lo que siente tu corazón.

Creo en ti amigo:
Si sabes comprender bondadosamente mis debilidades y
me defiendes cuando me calumnian.

Creo en ti amigo:
Si tienes valor para corregirme amablemente.

Creo en ti amigo:
Si sabes orar por mí,
y brindarme buen ejemplo.

Creo en ti amigo:
Si tu amistad me lleva a amar más a Dios
y a tratar mejor a los demás.

Creo en tí amigo:
Si no te avergüenzas de ser mi amigo
en las horas tristes y amargas.

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domingo, 1 de junio de 2014

Tomelloso - CARTA (Eladio Cabañero)


A ti, allá en nuestro pueblo
 Por el aire los pájaros tan sólo
van,
por el día las nubes siguen
remando cielo, lentas, como brazos abriéndose,
pero una carta vive en las cenizas
y en el escombro liso de los ojos.

Pienso en papeles blancos, dóciles,
busco claras palabras que decirte
en los oídos
ahora que un viento breve se enredará en tus manos,
manos que se reposan en las cosas
que tocas como el golpe de la nieve,
los manejables nombres:
carta de amor, manzana,
vaso de agua cerca de los labios, cosas
que amas y bendices
sus más felices formas allá lejos.

Llega un cometa tuyo y familiar
mientras escribo,
reluce rápido, toca mis rodillas
y tiemblo
como un parque al cumplir un nuevo otoño.
Mientras escribo ensancho la memoria,
me voy allá hasta el pueblo por el campo
con casas pequeñísimas y barbechos en fondo,
con arados allá a vista de pájaro,
-arados escribiendo a Dios derecho-
me entro por las viñas vareadas,
por patios blancos, limpios,
cubiertos con la parra y las bardillas,
entre mujeres, niños y gallinas,
carreteras que están quietas y llegan,
nubes que se despintan, sol que muere
igual que las bombillas de los pobres.

«Estoy aquí en Madrid con el otoño
y hasta que estén los ciervos de regreso
te espero;
no me atrevo a abrir puertas,
por si estás más hermosa temo verte.
¿Estás allí contándote milagros,
creyendo ver o viendo a Dios de súbito?
¿Sigues rezando
porque se estén las piedras quietas,
por la metralla nula y los cohetes
de las ferias pacíficas del pueblo,
pidiendo pan,
dando tu Padrenuestro a cada pobre
que aprendió a ser ateo y pasar hambre?
Tú estarás siempre por la luz del pueblo
mirando hacia el destino alto del humo,
al lento repetirse del aire en los tejados.
Yo estoy aquí sin ruido y sin quejarme,
sin este hermoso octubre en tus aceras
ni el horizonte aquel o de un analfabeto;
aquí estoy
viendo el viento que arrastra los papeles
humildes por las calles,
a punto de estar solo para siempre.»

Bendito sea el camino
por donde van los pájaros tan sólo,
alabada seas tú
porque sabes vivir a pecho abierto,
porque sabes estar con las espigas
con lo difícil que es mirar el trigo.
Alabada seas siempre,
lucientemente hermosa,
andando por tu casa de tareas
cantando con las manos ocupadas,
que bien estás soñándote
primera predilecta de la Virgen,
puesta en medio de muchos resplandores.

Qué hueco más profundo es la esperanza,
qué cubicado modo de quererte
estar aquí pensando:
«tengo que reunir unas palabras
para escribir lo poco que le escribo».
Termino ya, mi amiga, temo hablarte
de tantas cosas tuyas;
desde aquí
siento cómo el cartero del silencio
deja un ídolo humilde entre tus manos
hecho de la madera de algún chopo.

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sábado, 31 de mayo de 2014

Tomelloso - Amiga a la que amo… (Eladio Cabañero)


Amiga a la que amo: no envejezcas.
Que se detenga el tiempo sin tocarte;
 que no te quite el manto
de la perfecta juventud. Inmóvil
junto a tu cuerpo de muchacha dulce
quede, al hallarte, el tiempo.

Si tu hermosura ha sido
la llave del amor, si tu hermosura
con el amor me ha dado
la certidumbre de la dicha,
la compañía sin dolor, el vuelo,
guárdate hermosa, joven siempre.

No quiero ni pensar lo que tendría
de soledad mi corazón necesitado,
si la vejez dañina, perjuiciosa
cargara en ti la mano,
y mordiera tu piel, desvencijara
tus dientes, y la música
que mueves, al movere, deshiciera.

Guárdame siempre en la delicia
de tus dientes parejos, de tus ojos,
de tus olores buenos,
de tus brazos que me enseñas
cuando a solas conmigo te has quedado
desnuda toda, en sombras,
sin más luz que la tuya,
porque tu cuerpo alumbra cuando amas,
más tierna tú que las pequeñas flores
con que te adorno a veces.

Guárdame en la alegría de mirarte
ir y venir en ritmo, caminando
y, al caminar meciéndote
como si regresaras de la llave del agua
llevando un cántaro en el hombro.

Y cuando me haga viejo,
y engorde y quede calvo, no te apiades
de mis ojos hinchados, de mis dientes
postizos, de las canas que me salgan
por la nariz. Aléjame,
no te apiades, destiérrame, te pido;
hermosa entonces, joven como ahora,
no me ames: recuérdame
tal como fui al cantarte, cuando era
yo tu voz y tu escudo,
y estabas sola, y te sirvió mi mano.

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viernes, 30 de mayo de 2014

Tomelloso - Algunas amistades son eternas (Eladio Cabañero)



Algunas veces encuentras en la vida
una amistad especial:
ese alguien que al entrar en tu vida
la cambia por completo.
Ese alguien que te hace reir sin cesar;
ese alguien que te hace creer que en el mundo
existen realmente cosas buenas.
Ese alguien que te convence
de que hay una puerta lista
para que tú la abras.
Esa es una amistad eterna…

Cuando estás triste
y el mundo parece oscuro y vacío,
esa amistad eterna levanta tu ánimo
y hace que ese mundo oscuro y vacío
de repente parezca brillante y pleno.
Tu amistad eterna te ayuda
en los momentos difíciles, tristes,
y de gran confusión.
Si te alejas,
tu amistad eterna te sigue.
Si pierdes el camino,
tu amistad eterna te guía y te alegra.
Tu amistad eterna te lleva de la mano
y te dice que todo va a salir bien.

Si tú encuentras tal amistad
te sientes feliz y lleno de gozo
porque no tienes nada de qué preocuparte.
Tienes una amistad para toda la vida,
ya que una amistad eterna no tiene fin.

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jueves, 29 de mayo de 2014

Tomelloso - Abrazo (Eladio Cabañero)


Un simple abrazo nos enternece el corazón;
 nos da la bienvenida y nos hace más llevadera la vida.

 Un abrazo es una forma de compartir alegrías
 así como también los momentos tristes que se nos presentan.

 Es tan solo una manera de decir a nuestros amigos
 que los queremos y que nos preocupamos uno por el otro
 porque los abrazos fueron hechos para darlos a quienes queremos.

 El abrazo es algo grandioso.
 Es la manera perfecta para demostrar el amor que sentimos
 cuando no conseguimos la palabra justa.

 Es maravilloso porque tan sólo un abrazo dado con mucho cariño,
 hace sentir bien a quien se lo damos, sin importar el lugar ni el idioma
 porque siempre es entendido.
 Por estas razones y por muchas más… 
 hoy te envío mi más cálido abrazo.

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miércoles, 28 de mayo de 2014

Tomelloso - Labrador manchego (Eladio Cabañero)


Es un pintor que mira y que repite
la emoción del paisaje, los colores
donde ahonda la luz del pensamiento
en su fisonomía siempre insomne.
Con los ojos cerrados reconcentra
el campo de su alma, oscura torre
que resiste en vaivén, en equilibrio,
un duro viento de interrogaciones.
Nadie puede decir qué pensamientos
superpueblan la frente de este hombre.
(En el ancho paisaje de La Mancha,
pósito de la luz y de los soles,
por las ventanas de la tarde saltan
los pedernales de los labradores.)
Se sale a caminar (detrás el pueblo
aldeano y relimpio). Se recorre
los arados, los surcos, los caminos
proyectando teóricos remontes,
encauzados de piedras solitarias,
los espejismos y los horizontes…
y regresa arriando los crepúsculos,
tascando el freno que tan bien conoce.
De madrugada sueña y amanece
como la tierra desnutrida y pobre.
Se le llora la lágrima que lleva
toda su vida como un gas salobre
y da temor mirarlo porque pide
justicia cuando mira escueto, incólume, 
sin que sepamos nunca lo que piensa

martes, 27 de mayo de 2014

Tomelloso - Antes cuando la infancia (Eladio Cabañero)


El cielo aquel pintado con tizas de colores;
el sol que se empozaba tantos jueves
para los largos temporales
( “Cuando se empoza el sol en jueves,
antes del domingo llueve…”)
Aquellas calles largas con carros y viñeros;
el pregonero del Ayuntamiento
y el tío del “rabiche”; el carro
del “alhigue” cuando los carnavales;
las barberías con aquellos frascos
llenos de sanguijuelas coleantes;
el miedo de las noches del invierno
desiertas por el cierzo y los fantasmas;
las uvas, las espigas, la Glorieta,
la feria, el corralazo de los títeres…
¿Era aquél Tomelloso?
¿Era yo aquél, aquel de por entonces?
No me recuerdo bien. No tengo pruebas.
Era antes de la guerra. Mucha gente
no viviría bien, seguro, pero
el tiempo de los niños es hermoso,
y aunque la vida va a su mejoría
-según dicen- y hay tantos nuevos sueños:
viajar a la luna y los planetas;
inventar pan para que no haya pobres,
nueva fe en nuevos pechos,
aquel tiempo consuela a los que fuimos
niñez y luego muerte en nuestra infancia.
Antes que lo perdiéramos,
aquel niño de todos y de nadie
jugó por todo el pueblo, entre bidones
y cubas y trujales, en las fábricas,
en las destilerías de alcohol,
donde el vino zurría y se quemaba,
mientras nosotros -aúpa- nos saltábamos
montoneras de orujo, eras de lías.
Y el campo, ¿cómo era
antes de que aquel cielo, aquellos hombres,
se fueran a la guerra para no volver nunca?
…Vendimiadores tiempos,
una vez en las viñas, vendimiando, una noche
-quiero acordarme, pero ha tanto tiempo-
en la pequeña casa, acabada la cena,
todos bien avenidos se embromaron,
se tiznaron jugando al “San Alejo”,
con la sartén tocaron seguidillas
y jotas a la luz de los candiles;
y luego se acostaron en-parva por el suelo,
que ya no se cabía
sino en las alambores y en la cuadra.
Eran caras alegres como nunca haya visto.
Era antes de la guerra y yo tenía
de cuatro a cinco años.
Muchos ya no volvieron para echar hato los lunes
para irse de semana, de vendimia.
El cielo no volvió ni fue ya claro.
La gente se hizo dura,
y a los niños dejaron de querernos.
Y nosotros, mis primos, mis amigos,
no volvimos tampoco de la guerra:
de repente crecimos, fuimos otros,
nos perdimos igual que se perdieron
de vista, hacia el Oeste, tantas cosas.

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lunes, 26 de mayo de 2014

Tomelloso - EL ANDAMIO (Eladio Cabañero)


"Debieran dividir con una tiza el mundo,
 separarlo en cuadrículas pequeñas
 que sirvan para un cuerpo,
 para un hombre solamente,
 ¿no sobramos ya muchos?
 y a todos los demás darnos la mano
 y desearnos mejor suerte en la guerra."

 El aire distribuye igual que siempre
 sobre la tierra su piedad y su música;
 a las tres de la tarde
 la plomada pregunta, los niveles nivelan
 y al compás del trabajo piensa el hombre:

 "Es mejor, compañero,
 dejarse ya de guerras y políticas,
 los Estados Unidos y los rusos,
 y acordarnos en cambio del abuelo
 sentado, bajo un chopo o una higuera,
 con cara de barbecho, silencioso.
 Ayúdame a amarrar las cruces de este andamio,
 ten precaución, sujeta fuerte, no sea
 que por mirar un pájaro pararse
 o una muchacha hermosa en su ventana,
 no queden bien seguros estos postes.
 Ata fuerte las sogas por los nudos,
 los amarillos puños del esparto,
 que a lo peor, cuando estemos arriba,
 perdemos pie de pronto trabajando
 y no sirve la fuerza y nos caemos."

 No era aquél el momento
 de censurar los tiempos, tan difíciles,
 sino de levantar aquel andamio 
mientras el sol mandaba por las calles.

 "Compañero,
 es mejor ver el trigo allá en los campos
 que ver fundir el oro,
 es mejor irse al puerto de los barcos de vela
 que al de los submarinos;
 pero agarra,
 vamos a ver si atamos este andamio
 mucho mejor que aquel del accidente
 cuando murió el compadre de las barbas
 --en paz, amigo mío--
 que fue bueno y de Dios, que era creyente
 para no ser tan pobre como era.
 Ata fuerte las sogas por los nudos,
 los amarillos puños del esparto...

" Allí no se trataba 
 de pasarse de listos ni de tontos 
 sino de atar mejor aquel andamio 
 y comprender que el más sabio es el tiempo.

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domingo, 25 de mayo de 2014

Tomelloso - Anochecida en el campo (Eladio Cabañero)


Se está poniendo el sol de otoño lento
y en el haza hacen sombra los terrones...
Cantan los que trabajan, ¡ay!, canciones
que por lo bajo canta el pensamiento.

 La noche va encerrándose. Un momento
cruzan ahogos lejanos, vagos sones,
y algo sucede que los corazones
y el campo callan en recogimiento.

 Se alarga el miedo entonces como un río,
los contornos se encogen y procura
el horizonte cerrar bien la puerta.

 Y el primer cierzo, cada vez más frío, 
cada sol menos, cada noche oscura, 
pone la vida un poco más desierta.

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sábado, 24 de mayo de 2014

Tomelloso - Tú y yo en el pueblo (Eladio Cabañero)


Es todo bien sencillo. Nuestro pueblo 
con sus tejados, sus barbechos surtos 
en la orilla del campo, el sol colgante, 
la torre de la iglesia, nuestras casas, 
ya estaban desde siempre por lo visto. 

Todos estaban antes, ¡qué sencillo! 
Nuestros padres, los suyos, los parientes, 
aquí estaban; las viñas daban fruto 
al cobijo del llano, hacia septiembre; 
explotaban de rojas las sandías 
y los membrillos lo aromaban todo 
mientras el vino nuevo ardía en las cuevas, 
en las tinajas roncas y en los cántaros, 
y no habíamos nacido, compañera. 

 Nunca se tuvo la fe suficiente 
para entender a un niño. Por entonces 
la vida estaba azul para nosotros. 
Oh niña dulce en Tomelloso aquella, 
qué tiernecito corazón el tuyo 
mientras la guerra... Huelo aquellos años 
como el mejor perfume. Ángel nacido 
que fuiste tú, y yo el muchacho serio 
que, sin saberlo, yendo por las calles 
pasa frente a tu puerta y te conoce. 
Ah tiempo recordable, sombra izada 
como un mal sueño en nuestra juventud, 
¿todo ha sido verdad? Qué gran sospecha 
nuestra vida pasada allá en el pueblo: 
sus fiestas de guardar, sus romerías; 
las ferias de septiembre (cuando llevan 
los viñeros, los pobres, a sus hijos 
Con los zapatos nuevos, que no pueden 
andar, ilusionados...); los inviernos 
con nieve y con amigos que regresan ; 
el pueblo con gramberros por las calles, 
gamberros como hermanos, cariñosos, 
bromistas del petardo y de los dichos 
gordos y hasta poéticos a veces. 

 Puestos a recordar, hemos venido 
de visita a este mundo insatisfecho. 
En las tardes del pueblo, sueño que urde 
la lejanía en soledad del mundo, 
hemos amado tanto en otros seres, 
en años, quizá siglos, tantas veces 
te miré ensimismado, emocionado, 
que hoy ya no es necesario, compañera, 
amor mal recobrado, que te diga 
cuánto te quise en nuestro pueblo, a solas.

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jueves, 22 de mayo de 2014

Tomelloso - Poema para una amiga muy bella (Eladio Cabañero)


Bella te digo porque así se llaman
esas mujeres que han nacido
para la vida siempre: dulce y ácida.
Tú eres la colorada piel, la fruta,
la pierna, el pecho soberano que alzas,
pequeña porque así son los naranjos,
blanca y morena, o sea, cálida.

Amiga, ¿es la amistad la que nos manda
o acaso es el amor? Las dos preguntas
tienen en sí respuesta dada.
Si la verdad llegara a verse un día,
si nuestra fe se confirmara...,
pero no, amiga mía misteriosa,
que las palabras siempre engañan.
Que las palabras no sonríen nunca,
que eres tú la que ríes, dices, andas,
pones luego los ojos apartados,
muy expresivamente callas.

En estos tiempos sabe todo el mundo
guardar la ropa cuando está mojada,
hurtarse, dar olvido, fingir burla
del sentimiento porque es lágrima.
Por eso siempre estamos tan contentos,
tan campantes, tan fuertes -¡tiene gracia!-;
por dentro va la procesión, lo dicen
los gestos bruscos, las miradas.

Cuerpo de uva garnacha,
hembra de vino fuerte y alegría,
bella mujer de amor y madrugada.
Haces, querida amiga, maravillas
para evitar heridas, para
que no te vea tan hermosa, ¿sabes?
tan femeninamente en cuerpo y alma.

Y así está el pueblo de suspiros, sueños,
besos dados al rostro de la nada,
así estoy yo y así los que no quieren
confesarse que te aman.
Da miedo ver tan cerca la hermosura
cuando está viva y quema duele tanta
pasión, que así se llama, contenida
a penas duras, tiempo y trampas.

Muy bellamente estabas
cuando mis ojos una vez. Ahora
en el recuerdo vives clara.
Si se leyeran las cenizas luego,
que dicen, arden más que muchas brasas,
si alguien pusiera en claro nuestras vidas
fondo común de la desgracia.
Pero la muerte mete tanta prisa,
somos tan poca cosa, tan lejana
queda nuestra ciudad, sin nombre apenas
nosotros y los nuestros, nuestra casa...

Tus pies, tus manos y tu cara.
La tela del vestido, oh, dulces olas,
redondas islas cubre con sus aguas.
Seas amiga si la tarde, el tiempo,
corre a su puesta como el sol; hermana
si desvalidamente sufres; novia
si me recuerdas en la distancia.

Eres muy lista, mi pequeña,
eres la niña cariñosa y mala
que descubre de pronto a los mayores
todo lo que les pasa.
Temo que te sospeches cuánto he puesto
mis brazos hacia ti, cómo esperaba
volver a estar contigo, sin que nunca
me vieras cuando te miraba.

Los secretos no sé por qué se guardan;
y este secreto no interesa a nadie,
la vida es sólo cotidiana.
Pero yo escribo para ti estos versos
aunque no tengan importancia.
Mi bella amiga, ¡muchas gracias!

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